De cómo me quedé sin los tebeos de Barbapapá
Recuerdo que mi madre me estaba peinando, supongo que me estaba haciendo un par de coletas; de pequeña siempre me peinaban con un flequillo enorme y un par de coletas, hasta que conseguí con mucho esfuerzo que me dejaran cortarme el pelo, entonces empecé a ir como el príncipe ese de las galletas. A lo que iba, no recuerdo el peinado exacto, pero sí que estaba sentada en el baño y que mi madre me peinaba.
¿Qué tienes aquí hija? La hija, es decir, yo, tenía en su lindo cabezón una pequeña calva y, en el centro, un bultito.
Al día siguiente me llevaron al médico, no sé qué dijeron de no sé qué, ni qué me diagnosticaron; no me acuerdo, el caso es que me mandaron unas medicinas asquerosas que tomé durante dos semanas. Ante el fracaso del tratamiento me mandaron al dermatólogo.
Le recuerdo perfectamente, muy joven; acababa de conseguir la plaza (por desgracia muchos años después volvimos a encontrarnos, casualidades). Me miraba con cara de mucha preocupación diciéndole a mi madre: "si fuera mi hija abría ahora mismo para analizar". Con esta bonita y tranquilizadora frase, que es la única que recuerdo de aquella larga consulta, en mi casa se decretó estado de máxima alerta. Al poco estaba en el Hospital de la Concepción, con un montón de tebeos de Barbapapá y con la promesa de mi madre de invitarme a un batido de chocolate y una trenza si me portaba bien. Pobrecita, anda que no lo pasó mal llevándome de peregrinación médica. En aquel hospital enorme nos perdimos, llegamos tarde a la consulta. Tras examinarme, la doctora empezó a hablarme con un montón de palabras cariñosas y a decirle a mi madre que aquello se le escapaba, que tenía que consultar con un colega. Vino el colega, me miró la cabeza, apretó el bulto y puso cara de más preocupación aun. Y dijo algo como "lo mejor es que le avisemos, es mejor que se encargue él directamente". La cara de mi madre empeoraba por instantes, yo no sabía muy bien lo que pasaba, pero me dió por pensar que por las caras de pena del personal, probablemente conseguiría la colección entera de Barbapapá del tirón, de eso me acuerdo perfectamente.
Apareció él, y resultó ser un señor muy mayor al que no se podía molestar salvo por cosas muy graves, así que supongo que era el experto especialista total. Se acercó a mí y me preguntó mi nombre (fue el único médico que lo hizo). Se lo dije y me habló con mucha normalidad, "vamos a ver qué tienes, hija". Vaya, vaya...comenzó a tirarme del pelo, a apretarme, me hacía un daño increíble. Mirad les dijo mientras me pegaba unos tirones de pelo de fliparlo, mirad...Resulta que mi bulto peligrosísimo, ese tumor horrible que había que extirparme cuanto antes era..un hueso; por eso al tirar del pelo no se movía, porque no estaba en el cuero cabelludo; además este señor explicó condescendiente a los otros dos médicos, que la cabeza es simétrica y que yo tenía que tener otro "bulto" igual al otro lado. Lo tenía. La calva tenía una sencilla explicación, tengo la cabeza llena de descalabraduras, pura coincidencia. No era nada. El señor mayor aquel me miró y me dijo: ya te puedes ir a casa. Después les echó una bronca de campeonato a los dos médicos, tranquilizó a mi madre y nuestro peregrinar médico finalizó.
Y yo me quedé sin los tebeos de Barbapapá.
Y todo esto lo recordé a raíz del título de un post de pablito, y es que conmigo corrió el rumor de que tenía un tumor en la cabeza y resultó ser un hueso, por eso, cuando me entero de que rumores de tumores acaban igual que el mío, se me pone una sonrisa enorme en la cara y en el corazón.

Nick Furia dijo
BRAVO!!!
Es excelente, un House viejales para ti sola, qué suerte endiablada, y un hueso en el cabeso... Inquietante que diría freaker...
A mí me salen dos protuberancias sebosas en la frente, y parece que me van a salir los cuernitos de demonio, por eso la gente se acojona de mi aspecto xD
Fuerza y no-tumor!!!
14 Enero 2007 | 09:40 PM