Lo realmente importante
A veces el día a día puede conmigo. Me agota cuando me da por pensar, a futuro, en todo lo que se avecina. Cada vez queda menos tiempo para ponerme manos a la obra y estaré yo sola. Por mucho que me quieran ayudar o acompañar, hay cosas a las que me enfrentaré sola, es inevitable, así tiene que ser porque, además, así lo quiero.
Ya me está pasando. Han sido unas semanas duras, un mes de febrero agotador, un mes de marzo de toma final de decisiones. Consejos y opiniones para todos los gustos, pero a la hora de decidir: estoy sola. Es mi decisión. Y me motiva y desalienta a partes iguales. El acierto será sólo mío, el error también. Es la salsa de la vida, no me quejo, lo acepto e incluso lo disfruto: yo me lo guiso, yo me lo como.
La decisión está tomada y sigo adelante. En realidad la tomé un 1 de septiembre. Digamos que ante problemas que han ido surgiendo y tras pasarlo jodidamente, he renovado mis votos. Me siento fuerte y convencida, decidida a sacar mis planes adelante; hace unas semanas estaba, literalmente, cagándome de miedo por los rincones. Malditos nervios. Si todo va bien en junio empezaré la reforma, con "tan sólo" tres meses de retraso sobre el calendario previsto.
Entre tanto, me paso el tiempo soñando con tempanos de hielo que se rompen a mi paso, canales que se abren para que mi barco y yo avancemos, un mar helado. Debería haber nacido foca o ballena o pingüino; o en su defecto, abrir un domingo por la mañana el períodico y encontrarme con un anuncio como este:
"Men and woman wanted for hazardous journey. Small wages. Bitter cold. Long months of complete darkness. Constant danger. Safe return doubtful. Honour and recognition in case of success."
No me lo pensaría, aunque no me engaño, no duraría ni una semana (y ya es durar), pero me gusta pensar que sí, que podría hacerloy me imagino enuna expedición polar de las de antes y me electrizo entera, sólo de pensarlo.
Si pudiera pedir un deseo, pediría caminar sobre un mar helado, pisar la Antártida.
Mientras me conceden el deseo, me conformo con leer y ver las fotografías de este libro que es una auténtica pasada, con visionado de documental incluido. Después de verlo, dan ganas de meter la cabeza en el congelador.
Siempre me han gustado las historias sobre los héroes de la Antártida, la carrera hacia el Polo Sur y su conquista, el careto que se le debió quedar a Scott al comprobar que Amundsen se le había adelantado. Me emocionaba con aquello de "...me gustaría tener una historia que contar sobre la fortaleza, resistencia y valor de mis compañeros que removería el corazón de todos los ingleses. Estas torpes notas y nuestros cuerpos muertos, contarán la historia"...vamos que se me escapaban las lagrimitas al escuchar a Ana Torroja aquello de "no hubo láaaapidas..."
Hoy día, Scott, con todos mis respetos, me parece además de un gran aventurero digno de admiración, un gran gilipollas. Dar la vida por un sueño no tiene sentido, la vida sólo puede darse por otra vida, lo demás son desvaríos románticos o pura soberbia y cabezonería. Hay que saber parar, rendirse, dar la vuelta. Tener claro qué es lo realmente importante.
Por eso, prefiero a Shackleton.
Y ahora me voy pitando a casa de mi hermana que se ha largado y cree que se ha dejado la plancha enchufada. No me negaréis que mi vida es pura aventura.




engelson dijo
cruzar la antártida con un paracaidas en plan cometa empujando y con una tabla de snow, que he visto en la tele que lo hacen en finlandia
11 Marzo 2007 | 12:30 AM