Sin excusa
Acabo de entregar la última práctica del master.
No tengo que hacer nada más, salvo esperar a que me envíen las preguntas de la defensa.
Comencé el master en el mes de marzo del año pasado, un año y cuatro meses de trabajo, esfuerzo y sacrificio. Unas veces más, otras veces menos, pero así lo siento porque así es.
El protagonista indiscutible de las prácticas que he ido realizando a lo largo del máster ha sido un despacho de abogados que fundé al efecto y en el que he implantado todo tipo de políticas y proyectos. Un despacho que no fundé sola, contaba con dos socios gestores al frente. Ese despacho ya no existe, nos escindimos y perdió su nombre. En las últimas prácticas pasó a denominarse "Despacho de Abogados" a secas.
Cada vez que he reutilizado una práctica he tenido que reemplazar la denominación social, al principio me costaba, después me acostumbre, más tarde comencé a hacerlo de manera automáticamente sin tan siquiera pensarlo. Hoy lo pienso. Cuantos cambios. Sé que me acostumbraré a ellos de la misma manera que con el nombre del despacho. Como todo en esta vida y como con la denominación social acabaré reemplazándolo.
No, no hablo de otro tío y del un clavo saca a otro clavo, aunque también, ya sabemos como funciona esto todos. Hablo de algo más, de todo, así en general; porque, después de haber terminado el máster, ser más de las doce de la noche, tener que levantarme a las seis de la mañana y no tener ni gota de sueño pese al doping, tengo el ánimo reflexivo.
Me he quedado sin excusa. Ya no puedo escaquearme de los planes, de las cañas, de los viajes, de los cines, de los teatros, de los conciertos, de los cafés, de las copas, de las noches de bailoteo, de los vente esta noche que he quedado con unos amigos, de los tienes que conocerle, de los esta noche vamos a quemar Madrid, ni de los damos una vuelta. Ya no tengo excusa para quedarme en casa, estudiando, tecleando, escribiendo, corrigiendo, dedicándome al master como si fuera lo único del mundo, me he quedado sin excusa para no ver nadie, para no tener que esforzarme en poner buena cara, para quedarme en casa como una seta noches que, con la práctica terminada, podría haber salido. Ya no tengo excusa para no salir, disfrutar, pasarlo bien y reemplazarle por todas estas cosas.
Ya no tengo excusa para no acabar con esa parte de él que queda en mí.
Ya no tengo excusa para autocompadecerme los sábados por la noche, ni para decir que no a los amigos, ya no tengo excusa para no devolver llamadas, para caerme de los planes a última hora.
Ya no tengo excusa para no esforzarme.
Sin excusa, no hay disculpa posible.
Comenzamos.
- Cuerpo mío, cuerpo mío...¿qué te apetece?
- Una paulaner bien fría de las que hay en la nevera.
- No me jodas que no puedes beber alcohol...
- Esta noche, me la pela...y que conste que no te pido un gintonic porque no hay hielos en la nevera...
Mi cuerpo y yo brindamos por lo que hemos tenido y por la ayuda que nos prestó, sin él no lo hubiéramos conseguido (bueno, a la vista está que sí, pero vamos que conté con su apoyo incondicional), por el puto master de los cojones, por el proyecto, por las prácticas y sobre todo, sobre todo por haberme quedado sin excusa.
Salud.


pablito dijo
Katanera, ahora que ya eres una super master mind...¡a disfrutar!
7 Julio 2009 | 12:05 PM